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24.6.14

LA VIDA IMAGINARIA

Ya estaba convencido que el cine español, en general, me gusta tanto porque muestra lo cercano, la realidad de nuestra gente. Te hace saber que no eres alguien completamente distinto a los demás, sino que existen muchas personas cuyas vidas son similares a la tuya o, incluso, sus vivencias son casi idénticas a las que uno mismo haya podido sentir en sus propias carnes. Es un convencimiento al que he llegado después de visionar bastante cine autóctono.

Algo parecido me está empezando a ocurrir con la narrativa española contemporánea. De hecho, la última experiencia que reafirma esta impresión es haber leído "La vida imaginaria" de Mara Torres (@maratorres_tve), finalista en la edición del premio planeta de 2012.

La novela es un drama realista con una trama sencilla pero cuyo guión se va haciendo complejo a medida que se avanza en la lectura, promovido por lo difícil que resulta luchar contra el desamor intentando aferrarse al pasado. Así a bote pronto suena bien, pero que no le pase a uno mismo. Si cometes el error de ponerte en la propia piel de Nata, la protagonista, sientes que lo que vive también te está pasando a tí. Notas que, como ella, tampoco eres capaz de tener claro qué harías y continúas leyendo y leyendo para que sea el argumento del libro quien te vaya guiando, no sin recaídas dolorosas.

El texto tiene una lectura cómoda, con lenguaje coloquial pero con palabras precisas y está narrada en primera persona. Recurre a situaciones de actualidad como la crisis, con ciertos guiños al sistema político actual. Es imposible no someterse a las debilidades del personaje, cuya forma de pensar acaba siendo la tuya propia.

26.3.14

Ayer me leí un libro

Ayer me leí un libro. Y digo bien. La frase no tiene ningún error sintáctico, puesto que ayer mismo empecé a leerlo y ayer mismo lo terminé. Sus 148 páginas me parecieron tan breves y, a la vez, tan intensas, que tuve la sensación de haber visto una película biográfica o, más aún, tuve la impresión mientras leía de que algún buen amigo me contaba un fragmento de su vida.

No pude despegarme de él hasta que llegué a la contraportada. No me había pasado esto antes. Quiero decir, jamás me había leído un libro de principio a fin de una sentada, por muy pocas páginas que tuviera.

Mientras leía "Volverán las naranjas" me pasaba lo mismo que le pasaba en ese momento a la narradora de la historia: quería disfrutar del transcurso de una historia de amor contada en 704 mensajes de texto de los entonces. De los del principio de los principios, cuando dejamos de redactar largas cartas para resumir nuestros sentimientos en minúculos "sms". De los que enviábamos en esa etapa de la historia que transcurrió entre las cartas y el Whatsapp.

Por determinadas circunstancias que se explican en la novela, cae en manos de Alex una conversación mantenida durante meses a través del servicio de mensajería que aún siguen teniendo los teléfonos móviles pero que ya nadie utiliza. Alex, consciente de la remota posibilidad que existe de que nadie la descubra y autoexcusada por los gajes de su oficio, no puede resisterse a leerla, ni tampoco a sorprenderse con cada mensaje, ni tampoco a no parar de leer hasta terminar la historia.

Descubrí la existencia de este libro a través de la radio. La propia autora del mismo, Xisela López, lo contaba así el pasado 6 de febrero: ENTREVISTA A XISELA LÓPEZ

Y desde entonces he tenido unas ganas terribles por leerlo hasta que he podido hacerlo. Tantas ganas como Álex de conocer el desenlace de la conversación. Sorpréndanse como me he sorprendido yo leyéndolo.

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